lunes, 13 de octubre de 2008

El etnógrafo y el cronista

El etnógrafo y el cronista parecen ser a priori un binomio que poco tienen de diferente. En realidad puedo decir que a mi juicio son más aquellos elementos que los unen que los que los separan. Tanto el etnógrafo como el cronista plantean su campo de acción inmersos en personas y sus testimonios. Ambos llevan a cabo la tarea de la entrevista, el encuentro cara a cara con el protagonista del problema, ambos realizan el análisis de vivencias y sensaciones de una o más personas en relación a lo que se cuenta. Claro está que los recursos para trasladar aquello que se percibe al papel son bastante diferentes. En primer lugar porque la etnografía es una ciencia, y como tal es menester que siga aquellos postulados del discurso científico, el etnógrafo busca realizar lo novedoso en pos de acrecentar el campo del saber sobre una determinada cuestión. En tanto, el cronista recoge testimonios directos, se dirige al lugar donde el hecho transcurre para contar una historia, una historia que estará repleta de matices personales, de giros lingüísticos. Ambas funciones se reconstruyen a partir de un fuerte costado vital y humanístico. Tanto el cronista como el etnógrafo buscan en lo cotidiano la mirada renovadora, aquello no revelado.

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