lunes, 13 de octubre de 2008

Reflexión sobre el género

Reflexión sobre el género:

“Digo mirar donde parece que no pasara nada, aprender a mirar de nuevo lo que ya conocemos. Buscar, buscar, buscar. Uno de los mayores atractivos de componer una crónica es esa obligación de la mirada extrema. Para contar las historias que nos enseñaron a no considerar noticias” (Martín Caparrós)
Al pensar el género de la crónica la primera idea que se me revela es la postura de Caparrós en el prologo de La Argentina crónica. Creo encontrar allí la raíz del género. En primer lugar la crónica es aquello que cada vez vemos menos en diarios y revistas de lectura “masiva”. Dice Caparrós al respecto que de todas las crónicas que forman parte de la compilación, ninguna fue publicada en algún diario o revista de alcance nacional. En este sentido decimos que la crónica es aquello que el periodismo cuenta cada vez menos. Y siguiendo a Caparrós encontramos en esto una apuesta ideológica no menor: el periodismo se centra en el poder, en el relato acerca de quienes son ricos y famosos, de quienes son víctimas de catástrofes La crónica entonces significa quizás su antitesis. Es la mirada hacia el aspecto de “lo cotidiano”, acerca de aquello que puede no ser rotulado como noticia. Es darle relevancia a aquello que aparece definido como no relevante. Y en esto hay una clara decisión en razón de intervenir ideológicamente sobre lo dicho. Siguiendo a Amar Sánchez el hecho de que quien toma la palabra sea además el sujeto real que vivencia el hecho le da a la crónica una marca ideológica que tiene mucho de intervención política. El sujeto aporta una mirada basándose en testimonios, vivencias y fuentes indirectas. A partir de estos elementos construye una imagen sobre aquello sucedido. De esta manera Amar Sánchez sostiene también que la crónica se sitúa bajo el cruce de dos posibilidades: por un lado la de mostrarse como un relato de “lo real” y por el otro su propia imposibilidad en la medida que organiza y sintetiza información sobre aquello que vivencia. Se trata de la construcción del cruce entre esas dos posibilidades. Un poco alejada de esta visión encontramos la visión de Ortego quien en el texto de Uribarri sostiene que el punto de partida de toda crónica es por definición un suceso susceptible de ser noticias: allí está la raíz del género. Pero como bien afirma Uribarri encerrar a la crónica en relación al hecho noticioso es sin duda reducirla al mínimo de sus posibilidades. La crónica es la posibilidad de generar una visión novedosa sobre aquello que pareciera no serlo. Como sostiene Caparrós, la crónica intenta mostrar la vida de todos, de aquellos que también pueden ser sus lectores. Insisto en este sentido con la apuesta política que significa dicho relato. Es sin lugar a dudas cambiar el foco del periodismo, irse de la historia linealmente contada hacia una historia repleta de matices y donde la aparición de un yo identificable como voz del relato es explícita. La voz que enuncia elige una estructura, un estilo que vuelven a ese relato particular y único. La crónica se aleja de la narración estandarizada, de aquello contado de un modo uniforme hasta trasladarse a una visión que se posiciona frente al problema.
Un aspecto también central en el relato crónico es sin duda la cronología. La propia raíz de la palabra incluye la cuestión del tiempo como aspecto central: la crónica es el posicionamiento de un sujeto en una línea de tiempo determinada. Y en ese posicionamiento el autor intenta atrapar es instante en su reconstrucción. El intento fallido de atrapar el tiempo en el relato es lo que hace de la crónica un género inagotable.

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